FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
FIESTA DE LA SAGRADA
FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
OBJETO DE ESTA FIESTA
En la Liturgia de este
Domingo la Iglesia cantaba antiguamente la realeza de Cristo y su imperio
eterno, uniendo sus cánticos a los de los coros angélicos en la adoración del
Dios humanado [1]. Pero, guiada por el Espíritu Santo y maternalmente
previsora, juzgó que podía ser útil invitar a los hombres de nuestros días a
considerar hoy las mutuas relaciones de Jesús, de María y de José para recoger
las lecciones que se desprenden de ellas y aprovechar la ayuda tan eficaz que
ofrece su ejemplo [2].
Podemos creer que, en la
elección del lugar que ocupa ahora en el calendario esta nueva fiesta, ha
influido bastante el evangelio asignado en el Misal al Domingo Infraoctava de
Epifanía que es el mismo de la actual fiesta de la Sagrada Familia.
Por lo demás, esta fiesta
tampoco nos aparta de la contemplación de los misterios de Navidad y Epifanía:
¿no nació la devoción a la Sagrada Familia en Belén, donde María y José
recibieron el homenaje de los pastores y de los Magos? Y aunque es verdad que
el objeto de la presente festividad va más allá de los primeros momentos de la
existencia terrena del Salvador, extendiéndose hasta los treinta años de su
vida oculta, ¿no encontramos ya en el pesebre algunos de sus más significativos
aspectos? En la voluntaria debilidad en que le sitúa su infantil estado, se
abandona Jesús a aquellos a quienes los designios de su Padre han encargado de
su guarda; María y José cumplen en espíritu de adoración todas las obligaciones
que su misión sagrada les impone con respecto a Aquel de quien deriva su
autoridad.
MODELO DE HOGAR CRISTIANO
Hablando el Evangelio más
tarde de la vida de Jesús en Nazaret al lado de María y de José, la describe
con estas sencillas palabras: "Estaba sumiso a ellos. Y su madre
conservaba todas estas cosas en su corazón, y Jesús crecía en sabiduría, en
edad y en gracia delante de Dios y de los hombres [3]. A pesar de su concisión,
este sagrado texto contiene una luminosa visión de orden y de paz que revela a
nuestra mirada, la autoridad, sumisión, dependencia y mutuas relaciones de la
Sagrada Familia. La santa casa de Nazaret se presenta a nuestra vista como el
modelo perfecto del hogar cristiano. José manda allí con tranquila serenidad,
como el que tiene conciencia de que al obrar así hace la voluntad de Dios y
habla en nombre suyo. Comprende que, al lado de su virginal Esposa y de su
divino Hijo él es el más pequeño; y con todo eso, su humildad hace que, sin
temor ni turbación, acepte su papel de jefe de la Sagrada Familia que Dios le
ha encomendado, y como un buen superior, no piensa en hacer uso de su autoridad
sino para cumplir de un modo más perfecto su oficio de servidor, de súbito y de
instrumento. María, como conviene a la mujer, se somete humildemente a José, y
adorando al mismo tiempo a quien manda, da sin vacilar sus órdenes a Jesús en
las múltiples ocasiones que se presentan en la vida de familia, llamándole,
pidiendo su ayuda, señalándole tal o cual trabajo, como lo hace una madre con
su hijo. Y Jesús acepta humildemente sus indicaciones: se muestra atento a los
menores deseos de sus padres, dócil a sus más leves órdenes. El, más hábil, más
sabio que María y que José, se somete a ellos en todos los detalles de la vida
ordinaria y así continuará obrando hasta su vida pública, porque es la
condición de la humanidad que ha asumido, y la voluntad de su Padre. "En
efecto, exclama San Bernardo entusiasmado ante un espectáculo tan sublime, el
Dios a quien están sujetos los Ángeles, a quien obedecen los Principados y
Potestades, estaba sometido a María; y no sólo a María, sino también a José por
causa de María. Admirad, por tanto, a ambos, y ved cuál es más admirable, si la
liberalísima condescendencia del Hijo o la gloriosísima dignidad de la Madre.
De los dos lados hay motivo de asombro; por ambas partes, prodigio. Un Dios
obedeciendo a una criatura humana, he ahí una humildad nunca vista; una
criatura humana mandando a un Dios, he ahí una grandeza sin igual"[4].
Lección saludable la que
aquí se nos ofrece. Dios quiere que se obedezca y que se mande conforme al
papel y al cargo de cada uno, no conforme a sus méritos o sus virtudes. En
Nazaret, el orden de la autoridad y de la dependencia no es precisamente el
mismo que el de la perfección y de la santidad. Lo mismo ocurre de ordinario en
la sociedad humana y en la misma Iglesia: si el superior debe a veces respetar
en el inferior una virtud mayor que la suya, el inferior tiene siempre la
obligación de acatar en. el superior una autoridad derivada de la autoridad
misma de Dios.
La Sagrada Familia vivía
del trabajo de sus manos. La oración en común, los santos coloquios por medio
de los cuales formaba y educaba Jesús de manera progresiva las almas de María y
de José, tenían su tiempo señalado, debiendo cesar ante la necesidad de proveer
a los menesteres de la vida cotidiana. La pobreza y el trabajo son medios
aptísimos de santificación para que Dios dejara de imponerlos al grupo bendito
de Nazaret. José ejercía, pues, con asiduidad, su oficio de carpintero, y Jesús
compartirá su trabajo, en cuanto esté en edad propicia. Todavía en el siglo II,
la tradición conservaba el recuerdo de yugos y arados... fabricados por sus
divinas manos [5]. Entretanto, María cumplía con sus deberes de señora de una
humilde casa. Preparaba la comida que José y Jesús debían hallar al final de su
trabajo, cuidaba del orden y la limpieza de la casa, y, sin duda, conforme a la
costumbre de entonces, hacía también casi todos sus propios vestidos y los de
su familia, o bien trabajaba para los de fuera, con el fin de aumentar el
jornal y el bienestar de todos. De esta manera, con su vida obscura y laboriosa
en el taller de José, elevó y ennobleció Jesús el trabajo manual, condición de
la mayoría de los hombres. Al elegir para sí y para sus padres el oficio de
simple artesano elevó y santificó de un modo maravilloso la condición de las
clases trabajadoras, que en adelante pueden ya buscar en tan augustos ejemplos
el estímulo para la práctica de las más nobles virtudes, y un motivo constante
de alegría y contento [6].
Así se nos presenta la
Sagrada Familia bajo el techo de Nazaret, verdadero modelo de la vida doméstica
en sus mutuas relaciones de amor y en sus inefables bellezas, vida que
constituye la esfera de acción de millares de fieles de todo el mundo; donde el
marido gobierna como José y la mujer obedece como María; donde los padres
atienden a la educación de los hijos, y éstos imitan a Jesús con su obediencia,
sus progresos, su alegría y la luz que esparcen a su alrededor. Según la
expresión de un piadoso autor que nos complacemos en citar aquí, el hogar
cristiano es "el vestíbulo del paraíso" por las gracias que todos los
días y en cada momento derrama el cielo sobre él, por las numerosas virtudes
que ejercita, y, finalmente, por las alegrías que atesora [7]. Por eso, no hay
que extrañar que sea objeto de los continuos ataques por parte de los enemigos
del género humano; y si éstos logran con frecuencia destacadas victorias sobre
el reino fundado aquí abajo por Nuestro Señor Jesucristo "es porque han
conseguido mancillar la santidad del matrimonio, destruir la autoridad de los
padres o resfriar los afectos y deberes de los hijos para con sus
progenitores." A los ojos del cielo, no es tan detestable una invasión de
hordas salvajes avanzando por una región floreciente y arrasándola a sangre y fuego,
como una ley que sanciona la disolución del vínculo matrimonial, o que arrebata
los niños al cuidado y educación de los padres. Gracias a Dios, la familia
cristiana es una institución universal, defendida por la Iglesia como su más
bella creación y como el mayor beneficio que ha podido prestar a la sociedad.
Ahora bien, la luz, la paz, la pureza y la felicidad que irradia el hogar
cristiano, todo ello dimana de la vida que llevaron en la santa casa de
Nazaret, Jesús María y José.
HISTORIA DE ESTE CULTO
El culto de la Sagrada
Familia se desarrolló de un modo especial en el siglo XVII, por medio de
piadosas asociaciones que se proponían la santificación de las familias
cristianas, imitando a la del Verbo Encarnado. Esta devoción, introducida en el
Canadá por los Padres de la Compañía de Jesús, se propagó allí rápidamente
gracias al celo de Francisco de Montmorency-Laval, primer obispo de Quebec.
Este virtuoso prelado, por sugerencias, y con la ayuda del P. Chaumonot y de
Bárbara de Boulogne, viuda de Luis de Aillebout de Coulonges, antiguo
gobernador de Canadá, fundó en 1665 una Cofradía cuyos estatutos determinó él
mismo, instituyendo poco después canónicamente en su diócesis la fiesta de la
Sagrada Familia de Jesús, María y José, y ordenando que se hiciese uso de la
misa y del oficio que había hecho componer con tal motivo[8].
Dos siglos más tarde,
ante las crecientes manifestaciones de la piedad de los fieles hacia el
misterio de Nazaret, el Papa León XIII, por el Breve "Neminem fugit"
del 14 de junio de 1892, establecía en Roma la asociación de la Sagrada
Familia, con el fin de unificar todas las cofradías instituidas bajo este mismo
título. Al año siguiente, el mismo soberano Pontífice decretaba que la fiesta
de la Sagrada Familia fuera celebrada en todas partes donde estaba permitida,
el domingo tercero después de Epifanía, asignándole una Misa nueva y un oficio
cuyos himnos él mismo había compuesto. Finalmente, Benedicto XV, en 1921,
extendía esta fiesta a la Iglesia universal, fijándola en el domingo dentro de
la Octava de Epifanía.
MISA
QUE SOLO PUEDE SER
OFICIADA SEGÚN LAS RÚBRICAS DE LA IGLESIA, QUE CONDENAN EL ACCIONAR IRREGULAR Y
ACATÓLICO DE CONCILIARES DEL VATICANO II, THUCISTAS Y LEFEBVRISTAS
INTROITO
Gócese mucho el padre del Justo, alégrense tu Padre y tu
Madre; regocíjese la que te engendró. Salmo: ¡Qué amables son tus tiendas, oh
Señor de los ejércitos! Mi alma codicia y ansia los atrios del Señor. — V. Gloria
al Padre.
En la Colecta, lo mismo
que en la secreta y en la Poscomunión, la Iglesia trata de resumir las
enseñanzas que propone a los fieles en esta fiesta, y les indica los frutos que
desea verles sacar de la contemplación de este misterio.
ORACIÓN
Señor Jesucristo, que,
sometido a María y a José, consagraste la vida doméstica con inefables
virtudes: haz que nosotros con el auxilio de ambos, nos instruyamos con los
ejemplos de tu santa Familia, y alcancemos su eterna compañía. Tú que vives y reinas.
EPÍSTOLA
Lección de la Epístola
del Apóstol S. Pablo a los Colosenses. (III, 12-17.)
Hermanos: Revestíos como elegidos de Dios, como santos y
amados (suyos), de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de
modestia y de paciencia, soportándoos mutuamente y perdonándoos los unos a los
otros, si alguien tuviese queja contra otro. Como el Señor os perdonó a
vosotros, así debéis hacer vosotros. Más, sobre todas estas cosas, tened
caridad, porque ella es el vínculo de la perfección. Y la paz de Cristo salte
gozosa en vuestros corazones, pues por ella habéis sido llamados a formar un solo
Cuerpo. Y sed agradecidos. La Palabra de Cristo habite copiosa en vosotros en
toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos, e
himnos, y cánticos espirituales, cantando con gracias a Dios en vuestros
corazones. Todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo en el nombre de
Nuestro Señor Jesucristo, dando gracias a Dios y al Padre por Él.
En este trozo del Apóstol
San Pablo hallamos enumeradas las virtudes domésticas que deben adornar al
hogar cristiano: dulzura, humildad, paciencia, virtudes que templan al alma
contra el choque de los defectos y diferencias de carácter y temperamento; el
amor mutuo que hace que cada uno se ingenie por aliviar las cargas de los
demás, que sólo conoce las desgracias y flaquezas para dulcificar su amargura;
la benévola indulgencia que sabe olvidar los roces inevitables, y predispone
los corazones heridos al perdón, por imitar al Señor que todo lo perdonó. Todas
estas disposiciones morales tienen su raíz en la caridad, de la que son como reflejos:
merced a ella se perfeccionan las relaciones domésticas, se sobrenaturalizan y
se desarrollan dentro de un amor profundo, de respeto, de mutuas atenciones, de
sumisión y de obediencia. La práctica de estas virtudes, unida a los actos de
religión que santifican todas las alegrías y las penas naturalmente anejas a la
vida de familia, garantiza a los hombres la mayor participación posible en la
felicidad de que pueden gozar aquí abajo, buscando su perfecto dechado en las
figuras de Jesús, de María y de José.
GRADUAL
Una cosa he pedido al
Señor y esta buscaré: morar en la Casa del Señor todos los días de mi vida. —
V. Dichosos los que habitan en tu Casa, Señor: te alabarán por los siglos de
los siglos.
ALELUYA
Aleluya, aleluya. — V.
Verdaderamente tú eres un Rey escondido, eres el Dios de Israel, el Salvador.
Aleluya.
EVANGELIO
Continuación del santo
Evangelio según San Lucas. (II, 42, 52.)
Cuando Jesús fue de doce años, subieron ellos a
Jerusalén, conforme a la costumbre del día de fiesta. Y, pasados los días,
volviendo ellos, se quedó el Niño Jesús en Jerusalén; y no lo advirtieron sus
padres. Pensando que estaría en la caravana, anduvieron el camino de un día, y
le buscaron entre l o s parientes y conocidos. Y, no encontrándole, volvieron a
Jerusalén, buscándole. Y aconteció que, tres días después, le hallaron en el
templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles. Y, todos
los que le oían, se admiraban de su prudencia, y de sus respuestas. Y, cuando
le vieron se pasmaron. Y le dijo su Madre: Hijo ¿por qué nos has hecho esto? He
aquí que tu padre y yo te hemos buscado con dolor. Y El les dijo: ¿Por qué me
buscabais? ¿No sabíais que me conviene atender a las cosas de mi Padre? Pero
ellos no entendieron lo que les dijo. Y bajó con ellos y vino a Nazaret: y
estaba sujeto a ellos. Y su Madre conservaba en su corazón todas estas
palabras. 'Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad y en gracia, delante de Dios
y de los hombres.
¡Oh Jesús! has bajado del
cielo para enseñarnos. La flaqueza de la infancia que te oculta a nuestras
miradas, no impide que tu celo nos haga conocer al único Dios que lo ha creado
todo, y a ti, su Hijo a quien envió.
Recostado en el pesebre y
con una simple mirada has instruido a los pastores; bajo tus humildes pañales y
en tu voluntario silencio has revelado a los Magos la luz que buscaban
siguiendo a la estrella. A los doce años, explicas a los doctores de Israel las
Escrituras que dan testimonio de ti; poco a poco disipas las tinieblas de la
Ley con tu presencia y con tus palabras. En trueque de cumplir la voluntad de
tu Padre celestial, no dudas en dejar intranquilo el corazón de tu Madre,
buscando almas para iluminarlas.
Tu amor hacia los hombres
ha de herir todavía con mayor dureza ese tierno corazón el día en que, por la
salvación de esos mismos hombres, te haya de contemplar clavado en el madero de
la cruz, expirando en medio de inmensos dolores. Sé, bendito, oh Emmanuel, en
los primeros misterios de tu infancia, en los cuales apareces preocupado
exclusivamente de nosotros, prefiriendo la compañía de estos hombres pecadores
que un día han de conspirar contra ti, a la de tu misma Madre.
OFERTORIO
Llevaron sus padres a
Jesús a Jerusalén, para presentarle al Señor.
SECRETA
Ofrecémoste, Señor, esta
Hostia de placación, y suplicámoste humildemente que, por intercesión de la
Virgen, Madre de Dios, y del bienaventurado José, consolides firmemente
nuestras familias en tu paz y gracia. Por el mismo Señor.
COMUNIÓN. — REALIZAR LA COMUNIÓN ESPIRITUAL,
VERDADERA COMUNIÓN [01]
Bajó Jesús con ellos, y
fué a Nazaret, y estaba sujeto a ellos.
POSCOMUNIÓN
A los que alimentas con
estos celestes Sacramentos, hazlos, Señor, imitar siempre los ejemplos de tu
santa Familia: para que en la hora de nuestra muerte, acompañados de la gloriosa
Virgen, tu Madre, y del bienaventurado José, merezcamos ser recibidos por ti en
las eternas moradas. Tú
que vives y reinas.
— DOM PRÓSPERO GUÉRANGER, El Año Litúrgico,
Primera Edición Española Traducida Y Adaptada Para Los Países Hispano-Americanos
Por Los Monjes De Santo Domingo De Silos.
NIHIL OBSTAT: F.R. FRANCISCVS SÁNCHEZ. 0. S.
H. Censor ordinis.
IMPRIMATVR: P. ISAAC M. TORIBIOS, Abbas
Silensis, Ex Monasterio Sancti Dominici de Silos, die 7.I.1953
Notas
[01] COMUNIÓN ESPIRITUAL, VERDADERA
COMUNIÓN: https://www.facebook.com/photo?fbid=381902818003537&set=a.235028616024292
[1] Introito de la Misa del Domingo dentro
de la Octava de Epifanía.
[2] Martirologio romano.
[3] Lucas, II, 51-52.
] Homilía I sobre el Missus est.
[5] S. Justino. Diálogo con Tritón, 88.
[6] León XIII. Breve Neminem fugit del 14
de Julio de 1892.
[7] Coleridge. La vie de notre vie ou
Histoire de Notre Seiyneur. J. C., III, c. 16.
[8] Gosselin. Fie de Mgr. de Lavál, I ch.
27.
OBJETO DE ESTA FIESTA
En la Liturgia de este
Domingo la Iglesia cantaba antiguamente la realeza de Cristo y su imperio
eterno, uniendo sus cánticos a los de los coros angélicos en la adoración del
Dios humanado [1]. Pero, guiada por el Espíritu Santo y maternalmente
previsora, juzgó que podía ser útil invitar a los hombres de nuestros días a
considerar hoy las mutuas relaciones de Jesús, de María y de José para recoger
las lecciones que se desprenden de ellas y aprovechar la ayuda tan eficaz que
ofrece su ejemplo [2].
Podemos creer que, en la
elección del lugar que ocupa ahora en el calendario esta nueva fiesta, ha
influido bastante el evangelio asignado en el Misal al Domingo Infraoctava de
Epifanía que es el mismo de la actual fiesta de la Sagrada Familia.
Por lo demás, esta fiesta
tampoco nos aparta de la contemplación de los misterios de Navidad y Epifanía:
¿no nació la devoción a la Sagrada Familia en Belén, donde María y José
recibieron el homenaje de los pastores y de los Magos? Y aunque es verdad que
el objeto de la presente festividad va más allá de los primeros momentos de la
existencia terrena del Salvador, extendiéndose hasta los treinta años de su
vida oculta, ¿no encontramos ya en el pesebre algunos de sus más significativos
aspectos? En la voluntaria debilidad en que le sitúa su infantil estado, se
abandona Jesús a aquellos a quienes los designios de su Padre han encargado de
su guarda; María y José cumplen en espíritu de adoración todas las obligaciones
que su misión sagrada les impone con respecto a Aquel de quien deriva su
autoridad.
MODELO DE HOGAR CRISTIANO
Hablando el Evangelio más
tarde de la vida de Jesús en Nazaret al lado de María y de José, la describe
con estas sencillas palabras: "Estaba sumiso a ellos. Y su madre
conservaba todas estas cosas en su corazón, y Jesús crecía en sabiduría, en
edad y en gracia delante de Dios y de los hombres [3]. A pesar de su concisión,
este sagrado texto contiene una luminosa visión de orden y de paz que revela a
nuestra mirada, la autoridad, sumisión, dependencia y mutuas relaciones de la
Sagrada Familia. La santa casa de Nazaret se presenta a nuestra vista como el
modelo perfecto del hogar cristiano. José manda allí con tranquila serenidad,
como el que tiene conciencia de que al obrar así hace la voluntad de Dios y
habla en nombre suyo. Comprende que, al lado de su virginal Esposa y de su
divino Hijo él es el más pequeño; y con todo eso, su humildad hace que, sin
temor ni turbación, acepte su papel de jefe de la Sagrada Familia que Dios le
ha encomendado, y como un buen superior, no piensa en hacer uso de su autoridad
sino para cumplir de un modo más perfecto su oficio de servidor, de súbito y de
instrumento. María, como conviene a la mujer, se somete humildemente a José, y
adorando al mismo tiempo a quien manda, da sin vacilar sus órdenes a Jesús en
las múltiples ocasiones que se presentan en la vida de familia, llamándole,
pidiendo su ayuda, señalándole tal o cual trabajo, como lo hace una madre con
su hijo. Y Jesús acepta humildemente sus indicaciones: se muestra atento a los
menores deseos de sus padres, dócil a sus más leves órdenes. El, más hábil, más
sabio que María y que José, se somete a ellos en todos los detalles de la vida
ordinaria y así continuará obrando hasta su vida pública, porque es la
condición de la humanidad que ha asumido, y la voluntad de su Padre. "En
efecto, exclama San Bernardo entusiasmado ante un espectáculo tan sublime, el
Dios a quien están sujetos los Ángeles, a quien obedecen los Principados y
Potestades, estaba sometido a María; y no sólo a María, sino también a José por
causa de María. Admirad, por tanto, a ambos, y ved cuál es más admirable, si la
liberalísima condescendencia del Hijo o la gloriosísima dignidad de la Madre.
De los dos lados hay motivo de asombro; por ambas partes, prodigio. Un Dios
obedeciendo a una criatura humana, he ahí una humildad nunca vista; una
criatura humana mandando a un Dios, he ahí una grandeza sin igual"[4].
Lección saludable la que
aquí se nos ofrece. Dios quiere que se obedezca y que se mande conforme al
papel y al cargo de cada uno, no conforme a sus méritos o sus virtudes. En
Nazaret, el orden de la autoridad y de la dependencia no es precisamente el
mismo que el de la perfección y de la santidad. Lo mismo ocurre de ordinario en
la sociedad humana y en la misma Iglesia: si el superior debe a veces respetar
en el inferior una virtud mayor que la suya, el inferior tiene siempre la
obligación de acatar en. el superior una autoridad derivada de la autoridad
misma de Dios.
La Sagrada Familia vivía
del trabajo de sus manos. La oración en común, los santos coloquios por medio
de los cuales formaba y educaba Jesús de manera progresiva las almas de María y
de José, tenían su tiempo señalado, debiendo cesar ante la necesidad de proveer
a los menesteres de la vida cotidiana. La pobreza y el trabajo son medios
aptísimos de santificación para que Dios dejara de imponerlos al grupo bendito
de Nazaret. José ejercía, pues, con asiduidad, su oficio de carpintero, y Jesús
compartirá su trabajo, en cuanto esté en edad propicia. Todavía en el siglo II,
la tradición conservaba el recuerdo de yugos y arados... fabricados por sus
divinas manos [5]. Entretanto, María cumplía con sus deberes de señora de una
humilde casa. Preparaba la comida que José y Jesús debían hallar al final de su
trabajo, cuidaba del orden y la limpieza de la casa, y, sin duda, conforme a la
costumbre de entonces, hacía también casi todos sus propios vestidos y los de
su familia, o bien trabajaba para los de fuera, con el fin de aumentar el
jornal y el bienestar de todos. De esta manera, con su vida obscura y laboriosa
en el taller de José, elevó y ennobleció Jesús el trabajo manual, condición de
la mayoría de los hombres. Al elegir para sí y para sus padres el oficio de
simple artesano elevó y santificó de un modo maravilloso la condición de las
clases trabajadoras, que en adelante pueden ya buscar en tan augustos ejemplos
el estímulo para la práctica de las más nobles virtudes, y un motivo constante
de alegría y contento [6].
Así se nos presenta la
Sagrada Familia bajo el techo de Nazaret, verdadero modelo de la vida doméstica
en sus mutuas relaciones de amor y en sus inefables bellezas, vida que
constituye la esfera de acción de millares de fieles de todo el mundo; donde el
marido gobierna como José y la mujer obedece como María; donde los padres
atienden a la educación de los hijos, y éstos imitan a Jesús con su obediencia,
sus progresos, su alegría y la luz que esparcen a su alrededor. Según la
expresión de un piadoso autor que nos complacemos en citar aquí, el hogar
cristiano es "el vestíbulo del paraíso" por las gracias que todos los
días y en cada momento derrama el cielo sobre él, por las numerosas virtudes
que ejercita, y, finalmente, por las alegrías que atesora [7]. Por eso, no hay
que extrañar que sea objeto de los continuos ataques por parte de los enemigos
del género humano; y si éstos logran con frecuencia destacadas victorias sobre
el reino fundado aquí abajo por Nuestro Señor Jesucristo "es porque han
conseguido mancillar la santidad del matrimonio, destruir la autoridad de los
padres o resfriar los afectos y deberes de los hijos para con sus
progenitores." A los ojos del cielo, no es tan detestable una invasión de
hordas salvajes avanzando por una región floreciente y arrasándola a sangre y fuego,
como una ley que sanciona la disolución del vínculo matrimonial, o que arrebata
los niños al cuidado y educación de los padres. Gracias a Dios, la familia
cristiana es una institución universal, defendida por la Iglesia como su más
bella creación y como el mayor beneficio que ha podido prestar a la sociedad.
Ahora bien, la luz, la paz, la pureza y la felicidad que irradia el hogar
cristiano, todo ello dimana de la vida que llevaron en la santa casa de
Nazaret, Jesús María y José.
HISTORIA DE ESTE CULTO
El culto de la Sagrada
Familia se desarrolló de un modo especial en el siglo XVII, por medio de
piadosas asociaciones que se proponían la santificación de las familias
cristianas, imitando a la del Verbo Encarnado. Esta devoción, introducida en el
Canadá por los Padres de la Compañía de Jesús, se propagó allí rápidamente
gracias al celo de Francisco de Montmorency-Laval, primer obispo de Quebec.
Este virtuoso prelado, por sugerencias, y con la ayuda del P. Chaumonot y de
Bárbara de Boulogne, viuda de Luis de Aillebout de Coulonges, antiguo
gobernador de Canadá, fundó en 1665 una Cofradía cuyos estatutos determinó él
mismo, instituyendo poco después canónicamente en su diócesis la fiesta de la
Sagrada Familia de Jesús, María y José, y ordenando que se hiciese uso de la
misa y del oficio que había hecho componer con tal motivo[8].
Dos siglos más tarde,
ante las crecientes manifestaciones de la piedad de los fieles hacia el
misterio de Nazaret, el Papa León XIII, por el Breve "Neminem fugit"
del 14 de junio de 1892, establecía en Roma la asociación de la Sagrada
Familia, con el fin de unificar todas las cofradías instituidas bajo este mismo
título. Al año siguiente, el mismo soberano Pontífice decretaba que la fiesta
de la Sagrada Familia fuera celebrada en todas partes donde estaba permitida,
el domingo tercero después de Epifanía, asignándole una Misa nueva y un oficio
cuyos himnos él mismo había compuesto. Finalmente, Benedicto XV, en 1921,
extendía esta fiesta a la Iglesia universal, fijándola en el domingo dentro de
la Octava de Epifanía.
MISA
QUE SOLO PUEDE SER
OFICIADA SEGÚN LAS RÚBRICAS DE LA IGLESIA, QUE CONDENAN EL ACCIONAR IRREGULAR Y
ACATÓLICO DE CONCILIARES DEL VATICANO II, THUCISTAS Y LEFEBVRISTAS
INTROITO
Gócese mucho el padre del Justo, alégrense tu Padre y tu
Madre; regocíjese la que te engendró. Salmo: ¡Qué amables son tus tiendas, oh
Señor de los ejércitos! Mi alma codicia y ansia los atrios del Señor. — V. Gloria
al Padre.
En la Colecta, lo mismo
que en la secreta y en la Poscomunión, la Iglesia trata de resumir las
enseñanzas que propone a los fieles en esta fiesta, y les indica los frutos que
desea verles sacar de la contemplación de este misterio.
ORACIÓN
Señor Jesucristo, que,
sometido a María y a José, consagraste la vida doméstica con inefables
virtudes: haz que nosotros con el auxilio de ambos, nos instruyamos con los
ejemplos de tu santa Familia, y alcancemos su eterna compañía. Tú que vives y reinas.
EPÍSTOLA
Lección de la Epístola
del Apóstol S. Pablo a los Colosenses. (III, 12-17.)
Hermanos: Revestíos como elegidos de Dios, como santos y
amados (suyos), de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de
modestia y de paciencia, soportándoos mutuamente y perdonándoos los unos a los
otros, si alguien tuviese queja contra otro. Como el Señor os perdonó a
vosotros, así debéis hacer vosotros. Más, sobre todas estas cosas, tened
caridad, porque ella es el vínculo de la perfección. Y la paz de Cristo salte
gozosa en vuestros corazones, pues por ella habéis sido llamados a formar un solo
Cuerpo. Y sed agradecidos. La Palabra de Cristo habite copiosa en vosotros en
toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos, e
himnos, y cánticos espirituales, cantando con gracias a Dios en vuestros
corazones. Todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo en el nombre de
Nuestro Señor Jesucristo, dando gracias a Dios y al Padre por Él.
En este trozo del Apóstol
San Pablo hallamos enumeradas las virtudes domésticas que deben adornar al
hogar cristiano: dulzura, humildad, paciencia, virtudes que templan al alma
contra el choque de los defectos y diferencias de carácter y temperamento; el
amor mutuo que hace que cada uno se ingenie por aliviar las cargas de los
demás, que sólo conoce las desgracias y flaquezas para dulcificar su amargura;
la benévola indulgencia que sabe olvidar los roces inevitables, y predispone
los corazones heridos al perdón, por imitar al Señor que todo lo perdonó. Todas
estas disposiciones morales tienen su raíz en la caridad, de la que son como reflejos:
merced a ella se perfeccionan las relaciones domésticas, se sobrenaturalizan y
se desarrollan dentro de un amor profundo, de respeto, de mutuas atenciones, de
sumisión y de obediencia. La práctica de estas virtudes, unida a los actos de
religión que santifican todas las alegrías y las penas naturalmente anejas a la
vida de familia, garantiza a los hombres la mayor participación posible en la
felicidad de que pueden gozar aquí abajo, buscando su perfecto dechado en las
figuras de Jesús, de María y de José.
GRADUAL
Una cosa he pedido al
Señor y esta buscaré: morar en la Casa del Señor todos los días de mi vida. —
V. Dichosos los que habitan en tu Casa, Señor: te alabarán por los siglos de
los siglos.
ALELUYA
Aleluya, aleluya. — V.
Verdaderamente tú eres un Rey escondido, eres el Dios de Israel, el Salvador.
Aleluya.
EVANGELIO
Continuación del santo
Evangelio según San Lucas. (II, 42, 52.)
Cuando Jesús fue de doce años, subieron ellos a
Jerusalén, conforme a la costumbre del día de fiesta. Y, pasados los días,
volviendo ellos, se quedó el Niño Jesús en Jerusalén; y no lo advirtieron sus
padres. Pensando que estaría en la caravana, anduvieron el camino de un día, y
le buscaron entre l o s parientes y conocidos. Y, no encontrándole, volvieron a
Jerusalén, buscándole. Y aconteció que, tres días después, le hallaron en el
templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles. Y, todos
los que le oían, se admiraban de su prudencia, y de sus respuestas. Y, cuando
le vieron se pasmaron. Y le dijo su Madre: Hijo ¿por qué nos has hecho esto? He
aquí que tu padre y yo te hemos buscado con dolor. Y El les dijo: ¿Por qué me
buscabais? ¿No sabíais que me conviene atender a las cosas de mi Padre? Pero
ellos no entendieron lo que les dijo. Y bajó con ellos y vino a Nazaret: y
estaba sujeto a ellos. Y su Madre conservaba en su corazón todas estas
palabras. 'Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad y en gracia, delante de Dios
y de los hombres.
¡Oh Jesús! has bajado del
cielo para enseñarnos. La flaqueza de la infancia que te oculta a nuestras
miradas, no impide que tu celo nos haga conocer al único Dios que lo ha creado
todo, y a ti, su Hijo a quien envió.
Recostado en el pesebre y
con una simple mirada has instruido a los pastores; bajo tus humildes pañales y
en tu voluntario silencio has revelado a los Magos la luz que buscaban
siguiendo a la estrella. A los doce años, explicas a los doctores de Israel las
Escrituras que dan testimonio de ti; poco a poco disipas las tinieblas de la
Ley con tu presencia y con tus palabras. En trueque de cumplir la voluntad de
tu Padre celestial, no dudas en dejar intranquilo el corazón de tu Madre,
buscando almas para iluminarlas.
Tu amor hacia los hombres
ha de herir todavía con mayor dureza ese tierno corazón el día en que, por la
salvación de esos mismos hombres, te haya de contemplar clavado en el madero de
la cruz, expirando en medio de inmensos dolores. Sé, bendito, oh Emmanuel, en
los primeros misterios de tu infancia, en los cuales apareces preocupado
exclusivamente de nosotros, prefiriendo la compañía de estos hombres pecadores
que un día han de conspirar contra ti, a la de tu misma Madre.
OFERTORIO
Llevaron sus padres a
Jesús a Jerusalén, para presentarle al Señor.
SECRETA
Ofrecémoste, Señor, esta
Hostia de placación, y suplicámoste humildemente que, por intercesión de la
Virgen, Madre de Dios, y del bienaventurado José, consolides firmemente
nuestras familias en tu paz y gracia. Por el mismo Señor.
COMUNIÓN. — REALIZAR LA COMUNIÓN ESPIRITUAL,
VERDADERA COMUNIÓN [01]
Bajó Jesús con ellos, y
fué a Nazaret, y estaba sujeto a ellos.
POSCOMUNIÓN
A los que alimentas con
estos celestes Sacramentos, hazlos, Señor, imitar siempre los ejemplos de tu
santa Familia: para que en la hora de nuestra muerte, acompañados de la gloriosa
Virgen, tu Madre, y del bienaventurado José, merezcamos ser recibidos por ti en
las eternas moradas. Tú
que vives y reinas.
— DOM PRÓSPERO GUÉRANGER, El Año Litúrgico,
Primera Edición Española Traducida Y Adaptada Para Los Países Hispano-Americanos
Por Los Monjes De Santo Domingo De Silos.
NIHIL OBSTAT: F.R. FRANCISCVS SÁNCHEZ. 0. S.
H. Censor ordinis.
IMPRIMATVR: P. ISAAC M. TORIBIOS, Abbas
Silensis, Ex Monasterio Sancti Dominici de Silos, die 7.I.1953
Notas
[01] COMUNIÓN ESPIRITUAL, VERDADERA
COMUNIÓN: https://www.facebook.com/photo?fbid=381902818003537&set=a.235028616024292
[1] Introito de la Misa del Domingo dentro
de la Octava de Epifanía.
[2] Martirologio romano.
[3] Lucas, II, 51-52.
] Homilía I sobre el Missus est.
[5] S. Justino. Diálogo con Tritón, 88.
[6] León XIII. Breve Neminem fugit del 14
de Julio de 1892.
[7] Coleridge. La vie de notre vie ou
Histoire de Notre Seiyneur. J. C., III, c. 16.
[8] Gosselin. Fie de Mgr. de Lavál, I ch.
27.
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