MIÉRCOLES DE CENIZA
MIÉRCOLES DE CENIZA
INVITACIÓN DEL PROFETA
Hervía ayer el mundo en los placeres, y los
mismos cristianos se entregaban a expansiones permitidas; mas ya de madrugada
ha resonado a nuestros oídos la trompeta sagrada de que nos habla el Profeta.
Anuncia la solemne apertura del ayuno cuaresmal, el tiempo de expiación, la
proximidad más inminente de los grandes aniversarios de nuestra Redención.
Arriba, pues, cristianos, preparémonos a combatir las batallas del Señor.
ARMADURA ESPIRITUAL
En esta lucha, empero, del espíritu contra
la carne, hemos de estar armados, y he aquí que la Iglesia nos convoca en sus
templos para adiestrarnos en los ejercicios, en la esgrima de la milicia
espiritual. S. Pablo nos ha dado ya a conocer al pormenor las partes de nuestra
defensa: "Ceñidos vuestros lomos con la verdad, revestida la coraza de la
justicia, y calzados los pies prontos para anunciar el Evangelio de la paz.
Embrazad en todo momento el escudo de la fe y la esperanza de salvaros por
yelmo que proteja la cabeza'". El Príncipe de los Apóstoles viene por su
parte a decirnos: "Cristo padeció en la carne, armáos también vosotros del
mismo pensamiento"'. La Iglesia nos recuerda hoy estas enseñanzas
apostólicas, pero añade por su parte otra no menos elocuente, haciéndonos subir
hasta el día de la prevaricación, que hizo necesarios los combates a que nos
vamos a entregar, las expiaciones que hemos de pasar.
ENEMIGOS CON QUIENES HEMOS DE LUCHAR
Dos clases de enemigos se nos enfrentan
decididos: las pasiones en nuestro corazón y los demonios por de fuera. El
orgullo ha acarreado este desorden. El hombre se negó a obedecer a Dios. Dios
le ha perdonado, con la dura condición de que ha de morir. Le dijo, pues:
"Polvo eres, hombre, y en polvo te volverás". ¡Ay! ¿cómo olvidamos
este saludable aviso? Hubiera bastado sólo él para fortalecernos contra
nosotros mismos persuadidos de nuestra nada, no nos hubiéramos atrevido a
quebrantar la ley de Dios. Si ahora queremos perseverar en el bien, en que la
gracia de Dios nos restableció, humillémonos, aceptemos la sentencia y
consideremos la vida como sendero más o menos corto que acaba en la tumba. Con
esta perspectiva, se renueva todo, todo se explica. La bondad inmensa de Dios
que se dignó amar a seres condenados a la muerte se nos presenta todavía más
admirable; nuestra insolencia y nuestra ingratitud contra quien desafiamos en
los breves instantes de nuestra existencia nos parece cada vez más para
sentida, y la reparación que podemos hacer y que Dios se digna aceptar, más
puesta en razón y salutífera.
IMPOSICIÓN DE LA CENIZA
Este es el motivo que decidió a la Iglesia,
cuando juzgó oportuno anticipar de cuatro días el ayuno cuaresmal, a iniciar
este santo tiempo, señalando con ceniza la frente culpable de sus hijos y
repitiendo a cada uno las palabras del, Señor que nos condenan a muerte. El
uso, sin embargo, como signo de humillación y penitencia, es muy anterior a la
presente institución y la vemos practicada en la antigua alianza. Job mismo, en
el seno de la gentilidad, cubría de ceniza su carne herida por la mano de Dios,
e imploraba de este modo su misericordia. Más tarde el salmista en la
contrición viva de su corazón, mezclaba ceniza con el pan que comía y análogos
ejemplos abundan en los Libros históricos y en los Profetas del Antiguo
Testamento. Y es que vivamente sentían entonces ya la relación que hay entre
ese polvo de un ser materialmente quemado y el hombre pecador, cuyo cuerpo ha
de ser reducido a polvo al fuego de la divina justicia. Para salvar por de
pronto al alma, acudía el pecador a la ceniza y reconociendo su triste
fraternidad con ella, se sentía más a resguardo de la cólera de Aquel que
resiste a los soberbios y tiene a gala perdonar a los humildes.
PENITENTES PÚBLICOS
El uso litúrgico de la ceniza el miércoles
de Quincuagésima, no parece haberse dado en los comienzos a todos los fieles,
sino tan sólo a los culpables de los pecados cometidos a la penitencia pública
de la Iglesia. Antes de Misa se presentaban en el templo donde todo el pueblo se
hallaba congregado. Los sacerdotes oían la confesión de sus pecados, y después
los cubrían de cilicios y derramaban ceniza en sus cabezas. Después de esta
ceremonia clero y pueblo se postraban en tierra y rezaban en voz alta los siete
salmos penitenciales. Tenía lugar después la procesión en la que los penitentes
iban descalzos; a la vuelta eran arrojados solemnemente de la Iglesia por el
Obispo que les decía: "Os arrojamos del recinto de la Iglesia por vuestros
pecados y crímenes, como Adán, el primer hombre fué arrojado del paraíso por su
desobediencia." Cantaba a continuación el clero algunos responsorios
sacados del Génesis, en los que se recordaban las palabras del Señor, que
condenaban al hombre al sudor y trabajo en esta tierra ya maldita. Cerraba en
seguida las puertas de la Iglesia. Y los pecadores no debían pasar sus umbrales
hasta volver Jueves Santo, a recibir con solemnidad la absolución.
EXTENSIÓN DEL RITO LITÚRGICO
Después del siglo XI empezó a caer en
desuso la penitencia pública; en cambio, la costumbre de imponer la ceniza a
todos los fieles este día, llegó a generalizarse y se ha clasificado entre las
ceremonias esenciales de la Liturgia romana (No es fácil determinar la fecha
exacta en que se llevó a cabo esta evolución. Sólo sabemos que en el Concilio
de Benevento en 1091, Urbano II la hizo obligatoria para todos los fieles. La
ceremonia actual va detallada en los Ordines del siglo XII; las antífonas,
responsorios y oraciones de la bendición de la ceniza, estaban ya en uso entre
el siglo VIII y X). Antiguamente se acercaban descalzos a recibir este aviso de
la nada del hombre, y aun en pleno siglo XII el mismo Papa salía de Santa
Anastasia a Santa Sabina donde se celebraba la Estación y hacía el recorrido
descalzo, lo mismo que los Cardenales de su cortejo. La Iglesia ha cedido en
esta severidad exterior, sin dejar de tener estima grande de los sentimientos
que tan imponente rito debe producir en nuestras almas. Como acabamos de
insinuar, la estación en Roma se celebra hoy en Santa Sabina, sobre el Monte
Aventino. Bajo los auspicios de esta santa mártir se inicia la penitencia
cuaresmal. Empiezan las sagradas ceremonias por la bendición de la ceniza.
Proceden de los ramos benditos el año anterior el, domingo antes de Pascua. La
bendición que reciben en este nuevo estado tiene por finalidad hacernos más
dignos del misterio de contrición y humildad que ha de significar. Canta el
coro en primer lugar esta antífona que implora la misericordia divina.
ANTÍFONA
Escúchanos, Señor, porque tu misericordia es benigna:
míranos, Señor, según la muchedumbre de tus misericordias.-—Salmo: Sálvame, oh
Dios, porque las aguas han penetrado hasta mi alma. Y. Gloria al Padre.
Escúchanos...
El sacerdote teniendo en el altar la
ceniza, pide a Dios las haga instrumento de santificación en favor nuestro.
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, perdona a los penitentes,
sé propicio con los suplicantes: y dígnate enviar desde el cielo a tu Angel, el
cual ben + diga, y santi t fique estas cenizas, para que sean saludable remedio
a todos los que imploren humildemente tu santo nombre, a los que se confiesen
de sus pecados y a los que lloren sus crímenes delante de tu majestad o
invoquen rendida y porfiadamente tu serenísima piedad; y haz que, por la
invocación de tu santísimo nombre, todos los que fueren signados con ellas,
para redención de sus pecados, alcancen la salud del cuerpo y la tutela del
alma. Por Cristo, Nuestro Señor. R. Amén.
ORACIÓN
Oh Dios, que no deseas la muerte, sino la penitencia de
los pecadores: contempla benígsimo la fragilidad de la condición humana; y
dígnate, por tu piedad, ben + decir estas cenizas, que vamos a imponer sobre
nuestras cabezas, para profesar humildad y alcanzar el perdón: a fin de que,
puesto que nos reconocemos ceniza y que, por causa de nuestra depravación, nos
hemos de convertir en polvo, merezcamos alcanzar misericordiosamente el perdón
de todos los pecados y los premios prometidos a los penitentes. Por Cristo,
Nuestro Señor. R. Amén.
ORACIÓN
Oh Dios, que te doblegas con la humillación y te aplacas
con la satisfacción: inclina a nuestras preces el oído de tu piedad; y derrama
propicio la gracia de tu bendición sobre las cabezas de tus siervos, signadas
con la unción de estas cenizas: para que los llenes del espíritu de compunción,
y les concedas eficazmente lo que justamente te pidieren, y les conserves
perpetuamente firme e intacto lo que les hubieres concedido. Por Cristo,
Nuestro Señor. R. Amén.
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que concediste los
remedios de tu perdón a los Ninivitas, que hicieron penitencia con ceniza y
cilicio: haz que los imitemos de tal modo en el hábito, que consigamos también
el perdón. Por el Señor.
Después de las oraciones, aspergea el
sacerdote con agua bendita la ceniza y la inciensa. Acabada la incensación
recibe él mismo la ceniza en la cabeza de manos del sacerdote más digno; este
la recibe a su vez del celebrante, quien después de haberla impuesto a los
ministros del altar y demás clero, la distribuye sucesivamente al pueblo.
Cuando se acerque el sacerdote a señalaros
con el sello de la penitencia, acepta sumiso la sentencia de muerte que Dios
mismo pronunciará sobre ti al decirte: "Acuérdate, hombre, que eres polvo
y en polvo te volverás." Humíllate y recuerda que por haber querido ser
como dioses, prefiriendo tu capricho al querer de tu Señor, has sido condenado
a morir. Pensemos en la inacabable secuela de pecados que añadimos al de Adán,
y admiremos la clemencia de Dios que se contentará con una sola muerte por
tantas rebeldías.
Mientras se distribuye la ceniza canta el
coro las dos antífonas y responsorios siguientes:
ANTÍFONAS
Mudemos el vestido en ceniza y cilicio: ayunemos, y lloremos
ante el Señor: porque nuestro Dios es muy misericordioso para perdonar nuestros
pecados.
Entre el vestíbulo y el altar llorarán los sacerdotes,
ministros del Señor, y dirán: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo: y no
cierres, Señor, las bocas de los que te cantan.
RESPONSORIO
R. Mejoremos lo que
pecamos por ignorancia: no sea que, sorprendidos por el día de la muerte,
busquemos espacio para la penitencia, y no podamos hallarlo. * Atiende, Señor,
y ten compasión: porque hemos pecado contra ti.
V. Ayúdanos, oh Dios, Salvador nuestro: y, por el honor
de tu nombre, líbranos, Señor. Atiende, Señor. V. Gloria al Padre. Atiende,
Señor.
Terminada la distribución de la ceniza
canta el preste la oración siguiente:
ORACIÓN
Concédenos, Señor, la gracia de comenzar con santos
ayunos la carrera de la milicia cristiana: para que, al luchar contra los espíritus
malignos, seamos protegidos con los auxilios de la continencia. Por Cristo,
Nuestro Señor. R. Amén.
MISA
QUE SOLO PUEDE SER
OFICIADA SEGÚN LAS RÚBRICAS DE LA IGLESIA, QUE CONDENAN EL ACCIONAR IRREGULAR Y
ACATÓLICO DE CONCILIARES DEL VATICANO II, THUCISTAS Y LEFEBVRISTAS
Alentada por el acto de humildad que acaba
de realizar, el alma cristiana se llena de ingenua confianza hacia Dios
misericordioso; se atreve a recordarle su amor para con los hombres que ha
creado, y la longanimidad con que se dignó esperar su vuelta a El. Estos
sentimientos son tema del Introito cuyas palabras están sacadas del libro de la
Sabiduría.
INTROITO
Te compadeces, Señor, de todos, y no odias nada de lo que
has hecho, disimulando los pecados de los hombres por su penitencia, y
perdonándoles: porque tú eres el Señor, nuestro Dios. — Salmo: Ten piedad de
mí, oh Dios, ten piedad de mí: porque en ti confía mi alma. V. Gloria al Padre.
Pide en la colecta la Iglesia a favor de
sus hijos, que la saludable práctica del ayuno sea acogida por ellos con
sincera complacencia y que en ella perseveren para bien de sus almas.
COLECTA
Concede, Señor, a tus ñeles la gracia de comenzar con
sincera piedad la veneranda solemnidad de estos ayunos y de continuarla con
segura devoción. Por el Señor.
EPÍSTOLA
Lección del Profeta Joel.
Esto dice el Señor: Convertios a mí de todo vuestro
corazón, en ayuno, y en lloro, y en llanto. Y rasgad vuestros corazones, y no
vuestros vestidos, y convertios al Señor, vuestro Dios: porque es benigno y
misericordioso, paciente y de mucha misericordia, y superior a toda malicia.
¿Quién sabe si se volverá, y perdonará, y dejará en pos de sí bendición,
sacrificio y libación al Señor, Dios vuestro? Tocad la trompeta en Sión,
santificad el ayuno, llamad a concilio, congregad el pueblo, santificad la
asamblea, reunid a los ancianos, juntad a los niños y a los que maman: salga el
esposo de su lecho, y la esposa de su tálamo. Entre el vestíbulo y el altar
llorarán los sacerdotes, ministros del Señor, y dirán: Perdona, Señor, perdona
a tu pueblo: y no des tu herencia al oprobio, para que les dominen las
naciones. ¿Por qué dicen en los pueblos: Dónde está su Dios? El Señor amó su
tierra, y perdonó a su pueblo. Y respondió el Señor y dijo a su pueblo: He aquí
que yo os daré trigo, y vino, y aceite, y os llenaréis de ellos: y no os haré
ya más el oprobio de las gentes: lo dice el Señor omnipotente.
EFICACIA DEL AYUNO
Este magnífico paso del Profeta nos descubre la importancia que el Señor da a
la expiación por el ayuno. Cuando el hombre contrito por sus pecados mortifica
su carne, Dios se aplaca. El ejemplo de Nínive lo demuestra; perdona el Señor a
una ciudad infiel por el solo hecho de que sus habitantes imploraban su
compasión bajo la librea de la penitencia; pues, ¿qué no hará a favor de su
pueblo, si acierta a juntar a la inmolación del cuerpo el sacrificio del
corazón? Entremos, pues, animosos en el sendero de la penitencia; y si la
mengua de los sentimientos de fe y temor de Dios amenazan, al parecer, acabar
en derredor nuestro prácticas tan antiguas como el cristianismo, Dios nos libre
de entrar por las veredas del relajamiento tan pernicioso al conjunto de las
costumbres cristianas. Recapacitemos, sobre todo, en nuestros compromisos
personales con la divina justicia; ella nos condonará los deslices y castigos
que merecen en la medida que pongamos solícito empeño en ofrendarle la
satisfacción a que tiene pleno derecho.
Continúa la Iglesia desahogando en el
Gradual los vivos sentimientos de confianza en Dios bondadosísimo, y cuenta en
la felicidad de sus hijos que sabrán aprovechar los medios con que los brinda
para desarmar su enojo.
El Tracto es una hermosa plegaria de David;
repítela la Iglesia tres veces por semana durante la Cuaresma, y de ella se
sirve para apaciguar la cólera de Dios en tiempos calamitosos.
GRADUAL
Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí: porque en ti
confía mi alma. V. Vino del cielo, y me libró: llenó de oprobio a los que me
pisoteaban.
TRACTO
Señor, no nos pagues según los pecados que hemos
cometido: ni según nuestras iniquidades. V. Señor, no te acuerdes de nuestras
antiguas iniquidades, antes anticípense pronto tus misericordias: porque somos
muy pobres. (Aquí se arrodilla.) Y. Ayúdanos, oh Dios, Salvador nuestro: y, por
la gloria de tu nombre, líbranos, Señor: y sé propicio con nuestros pecados,
por tu nombre.
EVANGELIO
Continuación del santo
Evangelio según S. Mateo.
En aquel tiempo dijo Jésús a sus discípulos: Cuando
ayunéis, no os pongáis, como los hipócritas, tristes. Porque ellos maceran sus
rostros, para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo: ya han
recibido su galardón. Tú, en cambio, cuando ayunes, unge tu cabeza, y lava tu
cara, para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está oculto:
y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo premiará. No atesoréis tesoros en la
tierra: donde el orín y la polilla los destruyen, y donde los ladrones los
minan, y roban. Atesorad, en cambio, tesoros en el cielo, donde ni el orín ni
la polilla los destruyen, y donde los ladrones no los minan, ni roban. Donde
está tu tesoro, allí está también tu corazón.
ALEGRÍA DE CUARESMA
No quiere Nuestro Señor recibamos el anuncio del ayuno expiatorio como triste y
mortiñcante nueva. El cristiano entiende lo suficiente cuán arriesgado es para
él el vivir en déficit con la divina justicia; ve, por consiguiente, llegarse
el tiempo de Cuaresma con gozo y consuelo; de antemano sabe que, si es fiel a
las prescripciones de la Iglesia, aliviará su carga. Estas satisfacciones, hoy
tan suavizadas por la indulgencia de la Iglesia, ofrecidas a Dios con las del
mismo Redentor y fecundadas por esta comunicación en haz común de propiación
las obras santas de todos los miembros de la Iglesia militante, purificarán
nuestras almas y las harán dignas de participar de las inefables alegrías de la
Pascua. No estemos, por tanto, tristes porque ayunamos, ni lo estemos por haber
hecho necesario nuestro ayuno por el pecado. Otro consejo nos da el Señor que
la Iglesia recalcará a menudo en el decurso de la santa Cuaresma; añadamos la limosna
a las privaciones corporales. Nos exhorta atesoremos, pero sólo para el cielo.
Tenemos necesidad de intercesores; busquémosles entre los pobres.
Canta la Iglesia en el Ofertorio nuestra
libertad. Se regocija al ver curadas ya las heridas de nuestra alma porque
cuenta con nuestra perseverancia.
OFERTORIO
Te exaltaré, Señor, porque me recibiste, y no alegraste a
mis enemigos sobre mí: Señor, clamé a ti, y me sanaste.
SECRETA
Suplicárnoste, Señor, hagas que nos adaptemos
convenientemente a estos dones que te ofrecemos, y con los cuales celebramos el
comienzo de este mismo venerable Sacramento. Por el Señor.
PREFACIO
Es verdaderamente digno y justo, equitativo y saludable
que, siempre y en todas partes, te demos gracias a ti, Señor santo, Padre
omnipotente, eterno Dios: Que, con el ayuno corporal, reprimes los vicios,
elevas la mente, das la virtud y los premios: por Cristo, nuestro Señor. Por
quien a tu Majestad alaban los Angeles, la adoran las Dominaciones, la temen
las Potestades. Los cielos, y las Virtudes de los cielos, y los santos
Serafines, la celebran con igual exultación. Con los cuales, te suplicamos,
admitas también nuestras voces, diciendo con humilde confesión:
Santo,
Santo, Santo, etc.
Las palabras de la antífona de la Comunión
encierran importantísimo consejo. Necesitamos mantenernos firmes durante la
Cuaresma. Meditemos la ley del Señor y sus misterios. Si saboreamos la palabra
de Dios que la Iglesia nos propone cada día, la luz y el amor se acrecentarán
en nuestros corazones sin cesar, y cuando el Señor salga de las sombras del
sepulcro, reverberarán sobre nosotros sus divinos resplandores.
COMUNIÓN. — REALIZAR LA COMUNIÓN ESPIRITUAL, VERDADERA COMUNIÓN
[1]
El que meditare en la Ley del Señor día y noche, dará su
fruto a su tiempo.
POSCOMUNIÓN
Haz Señor, que los Sacramentos recibidos nos aprovechen:
para que nuestros ayunos te sean gratos a ti, y a nosotros nos sirvan de
alivio. Por el Señor.
Todos los días de Cuaresma, a excepción de
los domingos, antes de despedir a la asamblea de los fieles, el Preste
pronuncia sobre ellos una oración particular (Es una fórmula de bendición
pidiendo a Dios que los fieles puedan volver a sus ocupaciones ordinarias,
llevando consigo prenda segura de la protección del cielo. Callewaert, Sacris
erudiri 694), precedida siempre de esta advertencia del diácono:
Humillad vuestras cabezas ante Dios.
ORACIÓN
Señor, contempla propicio a los que se inclinan ante tu
majestad: para que, los que han sido alimentados con tu don divino, se sientan
siempre alimentados por este socorro celestial.
—DOM
PRÓSPERO GUÉRANGER, El Año Litúrgico, Primera Edición Española Traducida Y
Adaptada Para Los Países Hispano-Americanos Por Los Monjes De Santo Domingo De
Silos.
NIHIL
OBSTAT: F.R. FRANCISCVS SÁNCHEZ. 0. S. H. Censor ordinis.
IMPRIMATVR:
P. ISAAC M. TORIBIOS, Abbas Silensis, Ex Monasterio Sancti Dominici de Silos,
die 7.I.1953
[1] COMUNIÓN ESPIRITUAL, VERDADERA COMUNIÓN: https://www.facebook.com/photo?fbid=381902818003537&set=a.235028616024292
INVITACIÓN DEL PROFETA
Hervía ayer el mundo en los placeres, y los
mismos cristianos se entregaban a expansiones permitidas; mas ya de madrugada
ha resonado a nuestros oídos la trompeta sagrada de que nos habla el Profeta.
Anuncia la solemne apertura del ayuno cuaresmal, el tiempo de expiación, la
proximidad más inminente de los grandes aniversarios de nuestra Redención.
Arriba, pues, cristianos, preparémonos a combatir las batallas del Señor.
ARMADURA ESPIRITUAL
En esta lucha, empero, del espíritu contra
la carne, hemos de estar armados, y he aquí que la Iglesia nos convoca en sus
templos para adiestrarnos en los ejercicios, en la esgrima de la milicia
espiritual. S. Pablo nos ha dado ya a conocer al pormenor las partes de nuestra
defensa: "Ceñidos vuestros lomos con la verdad, revestida la coraza de la
justicia, y calzados los pies prontos para anunciar el Evangelio de la paz.
Embrazad en todo momento el escudo de la fe y la esperanza de salvaros por
yelmo que proteja la cabeza'". El Príncipe de los Apóstoles viene por su
parte a decirnos: "Cristo padeció en la carne, armáos también vosotros del
mismo pensamiento"'. La Iglesia nos recuerda hoy estas enseñanzas
apostólicas, pero añade por su parte otra no menos elocuente, haciéndonos subir
hasta el día de la prevaricación, que hizo necesarios los combates a que nos
vamos a entregar, las expiaciones que hemos de pasar.
ENEMIGOS CON QUIENES HEMOS DE LUCHAR
Dos clases de enemigos se nos enfrentan
decididos: las pasiones en nuestro corazón y los demonios por de fuera. El
orgullo ha acarreado este desorden. El hombre se negó a obedecer a Dios. Dios
le ha perdonado, con la dura condición de que ha de morir. Le dijo, pues:
"Polvo eres, hombre, y en polvo te volverás". ¡Ay! ¿cómo olvidamos
este saludable aviso? Hubiera bastado sólo él para fortalecernos contra
nosotros mismos persuadidos de nuestra nada, no nos hubiéramos atrevido a
quebrantar la ley de Dios. Si ahora queremos perseverar en el bien, en que la
gracia de Dios nos restableció, humillémonos, aceptemos la sentencia y
consideremos la vida como sendero más o menos corto que acaba en la tumba. Con
esta perspectiva, se renueva todo, todo se explica. La bondad inmensa de Dios
que se dignó amar a seres condenados a la muerte se nos presenta todavía más
admirable; nuestra insolencia y nuestra ingratitud contra quien desafiamos en
los breves instantes de nuestra existencia nos parece cada vez más para
sentida, y la reparación que podemos hacer y que Dios se digna aceptar, más
puesta en razón y salutífera.
IMPOSICIÓN DE LA CENIZA
Este es el motivo que decidió a la Iglesia,
cuando juzgó oportuno anticipar de cuatro días el ayuno cuaresmal, a iniciar
este santo tiempo, señalando con ceniza la frente culpable de sus hijos y
repitiendo a cada uno las palabras del, Señor que nos condenan a muerte. El
uso, sin embargo, como signo de humillación y penitencia, es muy anterior a la
presente institución y la vemos practicada en la antigua alianza. Job mismo, en
el seno de la gentilidad, cubría de ceniza su carne herida por la mano de Dios,
e imploraba de este modo su misericordia. Más tarde el salmista en la
contrición viva de su corazón, mezclaba ceniza con el pan que comía y análogos
ejemplos abundan en los Libros históricos y en los Profetas del Antiguo
Testamento. Y es que vivamente sentían entonces ya la relación que hay entre
ese polvo de un ser materialmente quemado y el hombre pecador, cuyo cuerpo ha
de ser reducido a polvo al fuego de la divina justicia. Para salvar por de
pronto al alma, acudía el pecador a la ceniza y reconociendo su triste
fraternidad con ella, se sentía más a resguardo de la cólera de Aquel que
resiste a los soberbios y tiene a gala perdonar a los humildes.
PENITENTES PÚBLICOS
El uso litúrgico de la ceniza el miércoles
de Quincuagésima, no parece haberse dado en los comienzos a todos los fieles,
sino tan sólo a los culpables de los pecados cometidos a la penitencia pública
de la Iglesia. Antes de Misa se presentaban en el templo donde todo el pueblo se
hallaba congregado. Los sacerdotes oían la confesión de sus pecados, y después
los cubrían de cilicios y derramaban ceniza en sus cabezas. Después de esta
ceremonia clero y pueblo se postraban en tierra y rezaban en voz alta los siete
salmos penitenciales. Tenía lugar después la procesión en la que los penitentes
iban descalzos; a la vuelta eran arrojados solemnemente de la Iglesia por el
Obispo que les decía: "Os arrojamos del recinto de la Iglesia por vuestros
pecados y crímenes, como Adán, el primer hombre fué arrojado del paraíso por su
desobediencia." Cantaba a continuación el clero algunos responsorios
sacados del Génesis, en los que se recordaban las palabras del Señor, que
condenaban al hombre al sudor y trabajo en esta tierra ya maldita. Cerraba en
seguida las puertas de la Iglesia. Y los pecadores no debían pasar sus umbrales
hasta volver Jueves Santo, a recibir con solemnidad la absolución.
EXTENSIÓN DEL RITO LITÚRGICO
Después del siglo XI empezó a caer en
desuso la penitencia pública; en cambio, la costumbre de imponer la ceniza a
todos los fieles este día, llegó a generalizarse y se ha clasificado entre las
ceremonias esenciales de la Liturgia romana (No es fácil determinar la fecha
exacta en que se llevó a cabo esta evolución. Sólo sabemos que en el Concilio
de Benevento en 1091, Urbano II la hizo obligatoria para todos los fieles. La
ceremonia actual va detallada en los Ordines del siglo XII; las antífonas,
responsorios y oraciones de la bendición de la ceniza, estaban ya en uso entre
el siglo VIII y X). Antiguamente se acercaban descalzos a recibir este aviso de
la nada del hombre, y aun en pleno siglo XII el mismo Papa salía de Santa
Anastasia a Santa Sabina donde se celebraba la Estación y hacía el recorrido
descalzo, lo mismo que los Cardenales de su cortejo. La Iglesia ha cedido en
esta severidad exterior, sin dejar de tener estima grande de los sentimientos
que tan imponente rito debe producir en nuestras almas. Como acabamos de
insinuar, la estación en Roma se celebra hoy en Santa Sabina, sobre el Monte
Aventino. Bajo los auspicios de esta santa mártir se inicia la penitencia
cuaresmal. Empiezan las sagradas ceremonias por la bendición de la ceniza.
Proceden de los ramos benditos el año anterior el, domingo antes de Pascua. La
bendición que reciben en este nuevo estado tiene por finalidad hacernos más
dignos del misterio de contrición y humildad que ha de significar. Canta el
coro en primer lugar esta antífona que implora la misericordia divina.
ANTÍFONA
Escúchanos, Señor, porque tu misericordia es benigna:
míranos, Señor, según la muchedumbre de tus misericordias.-—Salmo: Sálvame, oh
Dios, porque las aguas han penetrado hasta mi alma. Y. Gloria al Padre.
Escúchanos...
El sacerdote teniendo en el altar la
ceniza, pide a Dios las haga instrumento de santificación en favor nuestro.
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, perdona a los penitentes,
sé propicio con los suplicantes: y dígnate enviar desde el cielo a tu Angel, el
cual ben + diga, y santi t fique estas cenizas, para que sean saludable remedio
a todos los que imploren humildemente tu santo nombre, a los que se confiesen
de sus pecados y a los que lloren sus crímenes delante de tu majestad o
invoquen rendida y porfiadamente tu serenísima piedad; y haz que, por la
invocación de tu santísimo nombre, todos los que fueren signados con ellas,
para redención de sus pecados, alcancen la salud del cuerpo y la tutela del
alma. Por Cristo, Nuestro Señor. R. Amén.
ORACIÓN
Oh Dios, que no deseas la muerte, sino la penitencia de
los pecadores: contempla benígsimo la fragilidad de la condición humana; y
dígnate, por tu piedad, ben + decir estas cenizas, que vamos a imponer sobre
nuestras cabezas, para profesar humildad y alcanzar el perdón: a fin de que,
puesto que nos reconocemos ceniza y que, por causa de nuestra depravación, nos
hemos de convertir en polvo, merezcamos alcanzar misericordiosamente el perdón
de todos los pecados y los premios prometidos a los penitentes. Por Cristo,
Nuestro Señor. R. Amén.
ORACIÓN
Oh Dios, que te doblegas con la humillación y te aplacas
con la satisfacción: inclina a nuestras preces el oído de tu piedad; y derrama
propicio la gracia de tu bendición sobre las cabezas de tus siervos, signadas
con la unción de estas cenizas: para que los llenes del espíritu de compunción,
y les concedas eficazmente lo que justamente te pidieren, y les conserves
perpetuamente firme e intacto lo que les hubieres concedido. Por Cristo,
Nuestro Señor. R. Amén.
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que concediste los
remedios de tu perdón a los Ninivitas, que hicieron penitencia con ceniza y
cilicio: haz que los imitemos de tal modo en el hábito, que consigamos también
el perdón. Por el Señor.
Después de las oraciones, aspergea el
sacerdote con agua bendita la ceniza y la inciensa. Acabada la incensación
recibe él mismo la ceniza en la cabeza de manos del sacerdote más digno; este
la recibe a su vez del celebrante, quien después de haberla impuesto a los
ministros del altar y demás clero, la distribuye sucesivamente al pueblo.
Cuando se acerque el sacerdote a señalaros
con el sello de la penitencia, acepta sumiso la sentencia de muerte que Dios
mismo pronunciará sobre ti al decirte: "Acuérdate, hombre, que eres polvo
y en polvo te volverás." Humíllate y recuerda que por haber querido ser
como dioses, prefiriendo tu capricho al querer de tu Señor, has sido condenado
a morir. Pensemos en la inacabable secuela de pecados que añadimos al de Adán,
y admiremos la clemencia de Dios que se contentará con una sola muerte por
tantas rebeldías.
Mientras se distribuye la ceniza canta el
coro las dos antífonas y responsorios siguientes:
ANTÍFONAS
Mudemos el vestido en ceniza y cilicio: ayunemos, y lloremos
ante el Señor: porque nuestro Dios es muy misericordioso para perdonar nuestros
pecados.
Entre el vestíbulo y el altar llorarán los sacerdotes,
ministros del Señor, y dirán: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo: y no
cierres, Señor, las bocas de los que te cantan.
RESPONSORIO
R. Mejoremos lo que
pecamos por ignorancia: no sea que, sorprendidos por el día de la muerte,
busquemos espacio para la penitencia, y no podamos hallarlo. * Atiende, Señor,
y ten compasión: porque hemos pecado contra ti.
V. Ayúdanos, oh Dios, Salvador nuestro: y, por el honor
de tu nombre, líbranos, Señor. Atiende, Señor. V. Gloria al Padre. Atiende,
Señor.
Terminada la distribución de la ceniza
canta el preste la oración siguiente:
ORACIÓN
Concédenos, Señor, la gracia de comenzar con santos
ayunos la carrera de la milicia cristiana: para que, al luchar contra los espíritus
malignos, seamos protegidos con los auxilios de la continencia. Por Cristo,
Nuestro Señor. R. Amén.
MISA
QUE SOLO PUEDE SER
OFICIADA SEGÚN LAS RÚBRICAS DE LA IGLESIA, QUE CONDENAN EL ACCIONAR IRREGULAR Y
ACATÓLICO DE CONCILIARES DEL VATICANO II, THUCISTAS Y LEFEBVRISTAS
Alentada por el acto de humildad que acaba
de realizar, el alma cristiana se llena de ingenua confianza hacia Dios
misericordioso; se atreve a recordarle su amor para con los hombres que ha
creado, y la longanimidad con que se dignó esperar su vuelta a El. Estos
sentimientos son tema del Introito cuyas palabras están sacadas del libro de la
Sabiduría.
INTROITO
Te compadeces, Señor, de todos, y no odias nada de lo que
has hecho, disimulando los pecados de los hombres por su penitencia, y
perdonándoles: porque tú eres el Señor, nuestro Dios. — Salmo: Ten piedad de
mí, oh Dios, ten piedad de mí: porque en ti confía mi alma. V. Gloria al Padre.
Pide en la colecta la Iglesia a favor de
sus hijos, que la saludable práctica del ayuno sea acogida por ellos con
sincera complacencia y que en ella perseveren para bien de sus almas.
COLECTA
Concede, Señor, a tus ñeles la gracia de comenzar con
sincera piedad la veneranda solemnidad de estos ayunos y de continuarla con
segura devoción. Por el Señor.
EPÍSTOLA
Lección del Profeta Joel.
Esto dice el Señor: Convertios a mí de todo vuestro
corazón, en ayuno, y en lloro, y en llanto. Y rasgad vuestros corazones, y no
vuestros vestidos, y convertios al Señor, vuestro Dios: porque es benigno y
misericordioso, paciente y de mucha misericordia, y superior a toda malicia.
¿Quién sabe si se volverá, y perdonará, y dejará en pos de sí bendición,
sacrificio y libación al Señor, Dios vuestro? Tocad la trompeta en Sión,
santificad el ayuno, llamad a concilio, congregad el pueblo, santificad la
asamblea, reunid a los ancianos, juntad a los niños y a los que maman: salga el
esposo de su lecho, y la esposa de su tálamo. Entre el vestíbulo y el altar
llorarán los sacerdotes, ministros del Señor, y dirán: Perdona, Señor, perdona
a tu pueblo: y no des tu herencia al oprobio, para que les dominen las
naciones. ¿Por qué dicen en los pueblos: Dónde está su Dios? El Señor amó su
tierra, y perdonó a su pueblo. Y respondió el Señor y dijo a su pueblo: He aquí
que yo os daré trigo, y vino, y aceite, y os llenaréis de ellos: y no os haré
ya más el oprobio de las gentes: lo dice el Señor omnipotente.
EFICACIA DEL AYUNO
Este magnífico paso del Profeta nos descubre la importancia que el Señor da a
la expiación por el ayuno. Cuando el hombre contrito por sus pecados mortifica
su carne, Dios se aplaca. El ejemplo de Nínive lo demuestra; perdona el Señor a
una ciudad infiel por el solo hecho de que sus habitantes imploraban su
compasión bajo la librea de la penitencia; pues, ¿qué no hará a favor de su
pueblo, si acierta a juntar a la inmolación del cuerpo el sacrificio del
corazón? Entremos, pues, animosos en el sendero de la penitencia; y si la
mengua de los sentimientos de fe y temor de Dios amenazan, al parecer, acabar
en derredor nuestro prácticas tan antiguas como el cristianismo, Dios nos libre
de entrar por las veredas del relajamiento tan pernicioso al conjunto de las
costumbres cristianas. Recapacitemos, sobre todo, en nuestros compromisos
personales con la divina justicia; ella nos condonará los deslices y castigos
que merecen en la medida que pongamos solícito empeño en ofrendarle la
satisfacción a que tiene pleno derecho.
Continúa la Iglesia desahogando en el
Gradual los vivos sentimientos de confianza en Dios bondadosísimo, y cuenta en
la felicidad de sus hijos que sabrán aprovechar los medios con que los brinda
para desarmar su enojo.
El Tracto es una hermosa plegaria de David;
repítela la Iglesia tres veces por semana durante la Cuaresma, y de ella se
sirve para apaciguar la cólera de Dios en tiempos calamitosos.
GRADUAL
Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí: porque en ti
confía mi alma. V. Vino del cielo, y me libró: llenó de oprobio a los que me
pisoteaban.
TRACTO
Señor, no nos pagues según los pecados que hemos
cometido: ni según nuestras iniquidades. V. Señor, no te acuerdes de nuestras
antiguas iniquidades, antes anticípense pronto tus misericordias: porque somos
muy pobres. (Aquí se arrodilla.) Y. Ayúdanos, oh Dios, Salvador nuestro: y, por
la gloria de tu nombre, líbranos, Señor: y sé propicio con nuestros pecados,
por tu nombre.
EVANGELIO
Continuación del santo
Evangelio según S. Mateo.
En aquel tiempo dijo Jésús a sus discípulos: Cuando
ayunéis, no os pongáis, como los hipócritas, tristes. Porque ellos maceran sus
rostros, para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo: ya han
recibido su galardón. Tú, en cambio, cuando ayunes, unge tu cabeza, y lava tu
cara, para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está oculto:
y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo premiará. No atesoréis tesoros en la
tierra: donde el orín y la polilla los destruyen, y donde los ladrones los
minan, y roban. Atesorad, en cambio, tesoros en el cielo, donde ni el orín ni
la polilla los destruyen, y donde los ladrones no los minan, ni roban. Donde
está tu tesoro, allí está también tu corazón.
ALEGRÍA DE CUARESMA
No quiere Nuestro Señor recibamos el anuncio del ayuno expiatorio como triste y
mortiñcante nueva. El cristiano entiende lo suficiente cuán arriesgado es para
él el vivir en déficit con la divina justicia; ve, por consiguiente, llegarse
el tiempo de Cuaresma con gozo y consuelo; de antemano sabe que, si es fiel a
las prescripciones de la Iglesia, aliviará su carga. Estas satisfacciones, hoy
tan suavizadas por la indulgencia de la Iglesia, ofrecidas a Dios con las del
mismo Redentor y fecundadas por esta comunicación en haz común de propiación
las obras santas de todos los miembros de la Iglesia militante, purificarán
nuestras almas y las harán dignas de participar de las inefables alegrías de la
Pascua. No estemos, por tanto, tristes porque ayunamos, ni lo estemos por haber
hecho necesario nuestro ayuno por el pecado. Otro consejo nos da el Señor que
la Iglesia recalcará a menudo en el decurso de la santa Cuaresma; añadamos la limosna
a las privaciones corporales. Nos exhorta atesoremos, pero sólo para el cielo.
Tenemos necesidad de intercesores; busquémosles entre los pobres.
Canta la Iglesia en el Ofertorio nuestra
libertad. Se regocija al ver curadas ya las heridas de nuestra alma porque
cuenta con nuestra perseverancia.
OFERTORIO
Te exaltaré, Señor, porque me recibiste, y no alegraste a
mis enemigos sobre mí: Señor, clamé a ti, y me sanaste.
SECRETA
Suplicárnoste, Señor, hagas que nos adaptemos
convenientemente a estos dones que te ofrecemos, y con los cuales celebramos el
comienzo de este mismo venerable Sacramento. Por el Señor.
PREFACIO
Es verdaderamente digno y justo, equitativo y saludable
que, siempre y en todas partes, te demos gracias a ti, Señor santo, Padre
omnipotente, eterno Dios: Que, con el ayuno corporal, reprimes los vicios,
elevas la mente, das la virtud y los premios: por Cristo, nuestro Señor. Por
quien a tu Majestad alaban los Angeles, la adoran las Dominaciones, la temen
las Potestades. Los cielos, y las Virtudes de los cielos, y los santos
Serafines, la celebran con igual exultación. Con los cuales, te suplicamos,
admitas también nuestras voces, diciendo con humilde confesión:
Santo,
Santo, Santo, etc.
Las palabras de la antífona de la Comunión
encierran importantísimo consejo. Necesitamos mantenernos firmes durante la
Cuaresma. Meditemos la ley del Señor y sus misterios. Si saboreamos la palabra
de Dios que la Iglesia nos propone cada día, la luz y el amor se acrecentarán
en nuestros corazones sin cesar, y cuando el Señor salga de las sombras del
sepulcro, reverberarán sobre nosotros sus divinos resplandores.
COMUNIÓN. — REALIZAR LA COMUNIÓN ESPIRITUAL, VERDADERA COMUNIÓN
[1]
El que meditare en la Ley del Señor día y noche, dará su
fruto a su tiempo.
POSCOMUNIÓN
Haz Señor, que los Sacramentos recibidos nos aprovechen:
para que nuestros ayunos te sean gratos a ti, y a nosotros nos sirvan de
alivio. Por el Señor.
Todos los días de Cuaresma, a excepción de
los domingos, antes de despedir a la asamblea de los fieles, el Preste
pronuncia sobre ellos una oración particular (Es una fórmula de bendición
pidiendo a Dios que los fieles puedan volver a sus ocupaciones ordinarias,
llevando consigo prenda segura de la protección del cielo. Callewaert, Sacris
erudiri 694), precedida siempre de esta advertencia del diácono:
Humillad vuestras cabezas ante Dios.
ORACIÓN
Señor, contempla propicio a los que se inclinan ante tu
majestad: para que, los que han sido alimentados con tu don divino, se sientan
siempre alimentados por este socorro celestial.
—DOM
PRÓSPERO GUÉRANGER, El Año Litúrgico, Primera Edición Española Traducida Y
Adaptada Para Los Países Hispano-Americanos Por Los Monjes De Santo Domingo De
Silos.
NIHIL
OBSTAT: F.R. FRANCISCVS SÁNCHEZ. 0. S. H. Censor ordinis.
IMPRIMATVR:
P. ISAAC M. TORIBIOS, Abbas Silensis, Ex Monasterio Sancti Dominici de Silos,
die 7.I.1953
[1] COMUNIÓN ESPIRITUAL, VERDADERA COMUNIÓN: https://www.facebook.com/photo?fbid=381902818003537&set=a.235028616024292


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